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Sinopsis de Laberinto

 

 
   

En Laberinto se entrecruzan dos historias paralelas: Gabriel desaparece misteriosamente y se llega a la conclusión de que se trata de un crimen. Su hermano Erick emprende la venganza, amenaza con matar a Débora Hernández, la novia de Gabriel, la única sospechosa hasta el momento; logra conversar con el fantasma de la victima a través de varios médiums y conoce las versiones más sorprendentes sobre el supuesto asesinato. Por otro lado, Christopher de la Riva se propone escribir una novela basada en la vida de Gabriel por sugerencias de su amigo Américo del Valle. ¿Qué papel juega en todo esto Américo?, ¿ocultará algo detrás de su vocación literaria? Christopher viaja a Lima, Arequipa y Chivay en busca de datos para su novela. En Cusco es secuestrado y amenazado por escribir dicho libro, y conoce un dato clave que puede ayudar a identificar al asesino.  

 

 

 

Extractos de Laberinto

 

 
   

 

“Cinco meses después, la única culpable resulté ser yo. Y era previsible porque fui la última persona que lo vio con vida. Su padre —que lo buscó sin éxito— abrió un proceso penal en mi contra. Terminé denunciada por homicidio calificado. Toda su familia —sobre todo su hermano— me gritó asesina cuando hice la última declaración en la Fiscalía. No soy ninguna asesina. En mis declaraciones dije la verdad. Al principio creyeron en mi versión; al final ya nadie daba crédito a mis palabras. Me tildaron de mentirosa y afirmaron que yo lo había matado. Por supuesto que no lo maté. Soy inocente, tengo el alma limpia… El Santísimo lo sabe…”

 

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“De pronto me di cuenta de que Gabriel no estaba en ninguna parte. Me asaltó un susto aterrador. Levanté la cabeza y miré a todos lados.

—¿Qué sucede? —preguntó mi madre.

—¿Dónde está Gabriel?

Entonces mi madre pronunció aquellas palabras trágicas:

—Está desaparecido. Pronto lo encontrarán. No te preocupes, princesa.

¿Dónde estaría Gabriel? Seguramente estaría muerto… O quizá haya sobrevivido. No lo creo… Algo me decía que había muerto… En cierta forma me dio pena saber que jamás volvería a verlo… Pero qué se puede hacer: Nada es eterno en esta vida.”

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“Gabriel del Villar conoció a Débora Hernández el primer día de clases en la universidad. Ambos estudiaban la carrera de Ciencias de la Comunicación. Gabriel la vio hermosa, con un pantalón jeans a la cadera, una blusa ajustada encima del ombligo y una casaca que jugaba con su cintura de mujer esbelta. En el acto quedó completamente enamorado.”

 

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“Roberto dijo de pronto que los pingüinos nos habían malogrado la vida. Sorbió el trago y siguió hablando:

—El pingüino macho tiene que trabajar más que un negro para que la hembra le haga caso.

—¿Qué tiene que hacer? —le pregunté.

—Tiene que recoger la mayor cantidad de piedrecitas para el nido de la hembra… Al pingüino que tiene menos piedrecitas ninguna hembra le da bola…

Volvió a sorber el trago y concluyó:

—Las mujeres son como las hembras de los pingüinos...

Nos reímos todos… Enrique habló de pronto en un tono serio:

—Necesito una mujer.

—¿Trago o mujer? —le pregunté.

—Una hembra, carajo…

Nos reímos a carcajadas. Alguien habló por ahí:

—Vamos donde las niñas.

Beltrán se cargó la mochila repleta de libros y encabezó la marcha. Lo seguimos hasta la avenida Floral. Allí tomamos un taxi.

—A Las Velas, por favor.”

 

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“Gabriel actuaba como un esclavo. Todo lo que le ordenaba cumplía sin quejas ni murmuraciones. Lo que sucedía es que estaba enamorado ciegamente, y como tal andaba hecho un imbécil. A veces me daba pena verlo así. Es que yo no lo amaba; estaba con él sólo para que me ayudara con mis trabajos de la universidad. Pobre chico…, tan obediente como un negro. Cuántas veces amaneció haciendo mis tareas, mientras yo me daba mis escapadas con Christian… Lo veía babeando por mí y arrastrándose al mismo tiempo, y cumpliendo mis órdenes. Por eso estaba con él, a modo de retribuir su trabajo, porque nada es gratis en esta vida… No hay por qué extrañarse tampoco: así se juega en el amor… Además, hay que sacarle beneficio a todo en esta vida… El hombre de mis sueños, mi amor de toda la vida, es más bien Christian de la Torre. A él sí lo amo con todas mis fuerzas. Como suelen decir las adolescentes: es mi príncipe azul.”

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“Y llegamos a la puerta del laberinto…, los dos, como dos almas suicidas, adivinando nuestros pasos. Yo me sentí Ariadna, y Gabriel, Teseo. Yo deseaba que Teseo fuera Christian, y no Gabriel. Ahí debió estar el monstruo…, esperándonos. Quizá el monstruo era Gabriel, de quien debía liberarme Christian, en su condición de Teseo… En aquel laberinto todo era posible. Era cuestión de encontrar la pieza clave y armar el rompecabezas… Estaba segura de que Gabriel jamás encontraría esa pieza que hacía falta. Y si no lograba armar el rompecabezas nunca saldría de aquella encrucijada. Estaba completamente segura de que sus pasos lo llevarían hacia el infinito, hacia la eternidad… De ser así, jamás volvería a verlo…”

 

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“El ceibo es un trago boliviano muy fuerte. Generalmente se bebe con agua mineral. Cinco gotas abastecen a un litro. Si lo tomáramos puro nos mataría.

—Una vez Jesucristo fue invitado a una boda en Caná de Galilea —dijo Enrique Beltrán—, y se acabó el vino en plena fiesta. La gente empezó a terquearse. Es una estafa; queremos vino, gritaron. Mucha vaina con estos tíos, dijo Jesucristo, e hizo llenar de agua a seis tinajas de piedra. Les echó el ceibo en cada una sin que nadie lo viera. Para la sorpresa de todos, el agua en las tinajas estaba convertida en vino. Y, de hecho, la fiesta continuó y Jesucristo bailó con la novia…

Nos reímos ante la mirada de otros clientes. Luego Enrique dijo:

—Yo también llevo mi ceibo. Si hay alguna boda, avísenme, quiero bailar con la novia…”

 

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“Le advertí que lo mataría. Él tiene la culpa, se buscó un motivo y ahora lo voy a matar. Lo liquidaré sin pensarlo dos veces. Será una muerte placentera, una muerte justa, porque me ha fallado, me ha sido infiel. Estas cosas yo no las perdono, y no lo voy a perdonar. Lo voy a despachar al infierno; ya estaba advertido; él tiene la culpa. ¿Cómo pudo engañarme? Conmigo aprenderá a respetar a las mujeres. Yo no merezco que me hagan esto, y él me hizo esta jugada, no lo voy a perdonar nunca. Le voy a dar una buena lección. Le repetí en varias ocasiones que no lo hiciera, sino se vería conmigo. Y ahora se verá conmigo. Lo voy a matar. Seguramente él no sospecha que va a morir, pero estoy cerca, siguiendo sus pasos. En unos minutos lo encontraré y lo liquidaré sin piedad. Así ha de ser. No debió serme infiel. Le advertí hasta el cansancio. Estas cosas nadie me hace. Soy sagrada, intocable…”

 

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“No me acuerdo adónde iba. Hay cosas que no recuerdo con nitidez. A veces confundo un hecho con otro. El caso es que estuve caminando sin detenerme, sintiendo el cansancio en los huesos, ya a oscuras. Llevaba en los bolsillos hojas de mariguana, y las aspiraba a cada rato. No sé por qué pero temí que me estuvieran siguiendo. Tuve la sensación de sentir los pasos de alguien. Después de caminar cierto trecho volví a aspirar las hojas de mariguana. Y seguí caminando con la mirada hacia todos lados. Es curioso que no recuerde el motivo de mi caminata.”

 

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“—Sabemos que está escribiendo una novela —dijo uno de ellos.

No le respondí.

—Cuando estuvo en Lima, le hemos advertido que no se meta en esta vaina —volvió a decir el mismo tipo—. Usted nos desobedeció… Escribió su novela sin nuestro consentimiento.

Permanecí sin abrir la boca.

—¿Cuál es el final de su novela? —preguntó el de la cabeza calva.

—Habla —dijo el más corpulento, con los ojos cubiertos con unas gafas oscuras; luego empuñó la pistola.

—Aún no tengo el final —dije.

—Si está mintiendo, le romperemos la cara —volvió a decir el gordo.

—Hablo en serio —les dije—. No se me ocurre todavía el final.

El más alto —con espesa barba— se me acercó y me buscó los bolsillos. En uno de ellos encontró mi memoria usb. Luego la insertó en un ordenador portátil y empezó a revisar los archivos.

—Habla —dijo el alto—. ¿Con qué nombre está guardada su novela?

Peripecias en el Colca”.

 

ACTUALIDAD

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La presentación de  Laberinto, de Javier Núñez, fue un éxito el pasado 29 de agosto en Puno. El autor agradece a Walter Bedregal, representante del Grupo Editorial Hijos de la Lluvia, a Bladimiro Centeno, y a todos los asistente. 

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